La Organización de Estándares Internacionales (ISO) define la resiliencia como la “capacidad de absorber y adaptarse en un entorno cambiante”. Ya sea que describa la resiliencia de un individuo, una organización o una comunidad de cualquier tamaño, esta definición nos proporciona una guía.

La pregunta entonces es: “¿Resiliente contra qué?”

La mayoría de las veces, las discusiones sobre resiliencia se centran en la capacidad del individuo, la organización o la comunidad para resistir el impacto negativo cuando sucede algo “malo”. En el lado positivo, se considera que las personas, organizaciones y comunidades que pueden adaptarse y gestionar el cambio son más resilientes que aquellas que no pueden o no pueden adaptarse y cambiar.

La resiliencia se ha interpretado de manera diferente dentro de diferentes contextos geográficos y disciplinas académicas. Sin embargo, casi todos los estudios hablan de las características comunes mostradas en el modelo de una forma u otra, a pesar de sus diferencias temáticas, geográficas y sectoriales.

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