Cómo El Niño está transformando el riesgo sobre la propiedad y la interrupción del negocio
El Niño es una fase natural de la Oscilación del Sur de El Niño (ENSO), caracterizada por temperaturas de la superficie del mar superiores al promedio en el Pacífico ecuatorial central y oriental. Si bien El Niño no determina resultados locales específicos, puede modificar las probabilidades, y sus impactos dependen de la intensidad del fenómeno, el momento en que ocurre, la exposición regional y su interacción con otros factores climáticos.
Hoy, los líderes de riesgos y resiliencia deben tratarlo como algo mucho más práctico. Podría convertirse en una prueba de estrés para las operaciones multinacionales, los portafolios de propiedades y los supuestos de interrupción del negocio. En un contexto climático de base más cálido, las mayores temperaturas globales y las olas de calor más frecuentes pueden amplificar las pérdidas. Es poco probable que un posible El Niño fuerte o muy fuerte produzca un evento aislado. Por el contrario, aumenta la probabilidad de que múltiples amenazas naturales y riesgos climáticos surjan en diferentes lugares durante una misma temporada, con efectos que se propaguen en cascada a través de proveedores, corredores logísticos, sistemas energéticos y mercados de materias primas.
El desafío no consiste únicamente en pronosticar eventos individuales, sino en comprender cómo las interrupciones interconectadas generan riesgo de acumulación y cómo la interrupción del negocio se propaga a través de la cadena de suministro y las dependencias operativas, en lugar de permanecer limitada al sitio afectado.
Las organizaciones mejor preparadas para 2026 priorizarán la planificación proactiva y una mayor transparencia del riesgo por encima de una respuesta reactiva.
El Niño debe tratarse como un riesgo global
El Niño debe tratarse como un riesgo de negocio global, no simplemente como un fenómeno meteorológico regional. Los fenómenos meteorológicos severos no respetan fronteras, y tampoco lo hacen las actuales cadenas de suministro interconectadas. Si bien Asia-Pacífico, América Latina y América del Norte pueden experimentar los impactos más directos, las organizaciones de Europa y Medio Oriente también pueden enfrentar interrupciones significativas debido a paradas de proveedores, retrasos en el transporte de mercancías, restricciones en los puertos, aumento de los costos de los insumos e inestabilidad energética. Una empresa puede evitar daños en sus propias instalaciones y, aun así, sufrir una importante interrupción del negocio si un proveedor crítico se ve afectado o si se producen múltiples interrupciones simultáneamente.
Se espera que las condiciones climáticas previstas para 2026 afecten el riesgo sobre la propiedad y de interrupción del negocio. Una mayor probabilidad de olas de calor y temperaturas superiores al promedio puede incrementar la presión sobre los activos, los trabajadores y las redes eléctricas, mientras que la sequía en algunas regiones reducirá la disponibilidad de agua y elevará el riesgo de incendios forestales. En las regiones donde El Niño desplaza las precipitaciones hacia condiciones más húmedas, las lluvias más intensas pueden aumentar las amenazas de inundaciones y deslizamientos de tierra. Más allá de los daños directos a edificios y equipos, estos eventos pueden interrumpir la infraestructura que mantiene a las empresas en funcionamiento, incluidas las redes de transporte, los puertos, los servicios públicos y la disponibilidad de mano de obra, generando impactos en cascada en las operaciones globales.
A continuación, se describen algunas de las consideraciones más importantes que observamos.
- Riesgo de acumulación global y pérdidas correlacionadas
Una de las características de mayor impacto de un posible El Niño fuerte o muy fuerte es la posibilidad de que se produzca un riesgo de acumulación global en múltiples regiones al mismo tiempo. Las amenazas correlacionadas ponen en entredicho el supuesto de que los eventos estarán suficientemente diversificados geográficamente y a lo largo de la temporada. Un escenario plausible es la ocurrencia simultánea de condiciones de sequía en algunas zonas de Asia-Pacífico y de inundaciones en América, una combinación que puede interrumpir simultáneamente el suministro aguas arriba y la demanda aguas abajo.
- Exposición de la propiedad y de la interrupción del negocio provocada por fenómenos meteorológicos extremos
Además de la acumulación, merecen especial atención las exposiciones de la propiedad y de la interrupción del negocio derivadas de fenómenos meteorológicos extremos. Durante períodos influenciados por El Niño, los incendios forestales pueden convertirse en una exposición importante en lugares como Australia y algunas zonas del sudeste asiático; las inundaciones pueden provocar tanto daños directos como períodos prolongados de inactividad en las zonas de América expuestas a condiciones más húmedas, como partes del sur de Sudamérica y del sur/suroeste de Estados Unidos, dependiendo de la temporada y de la evolución del fenómeno; y el estrés térmico puede reducir la productividad industrial al tiempo que ejerce presión sobre la infraestructura física y los sistemas de refrigeración.
Desde la perspectiva de la interrupción del negocio, el factor que impulsa las pérdidas suele ser la duración y la complejidad de la interrupción, más que el evento inicial. Las inundaciones pueden bloquear las vías de acceso, retrasar las reparaciones y ralentizar el traslado de piezas de repuesto. Los incendios forestales pueden provocar zonas de evacuación y prolongar la interrupción debido al humo, las cenizas y el deterioro de la calidad del aire. El calor puede provocar una reducción de la capacidad de los equipos, paralizaciones del trabajo por razones de seguridad y restricciones que obliguen a reducir la producción incluso cuando las instalaciones continúen operativas. Estos son algunos de los escenarios que ponen de manifiesto las brechas entre cómo las organizaciones imaginan una interrupción y cómo esta se desarrolla en las operaciones reales.
- La interrupción de la cadena de suministro como amplificador de la interrupción del negocio
La interrupción de la cadena de suministro podría convertirse en un importante amplificador de la interrupción del negocio en 2026, incluso cuando las pérdidas materiales sean limitadas en la propia ubicación asegurada. Ante un escenario de El Niño fuerte o muy fuerte, los responsables de riesgos deberían anticipar factores de interrupción que se encuentran fuera de los límites de las instalaciones, pero que aun así pueden detener la producción.
Por ejemplo, las pérdidas de producción en algunas zonas del sudeste asiático pueden afectar a sectores manufactureros como la electrónica y la industria química. Los impactos sobre la agricultura en América Latina pueden, dependiendo de los cultivos y las regiones afectadas, repercutir en los mercados mundiales de materias primas, generando una volatilidad que afecte las estructuras de costos y la disponibilidad de insumos. Los cuellos de botella en el transporte pueden agravarse cuando los puertos y las vías navegables se ven restringidos, y los puntos de estrangulamiento estratégicos adquieren mayor importancia de lo habitual.
Estas interrupciones suelen manifestarse inicialmente como variabilidad en los plazos de entrega, incumplimiento de las ventanas de entrega y desequilibrios de inventario, y solo posteriormente convertirse en una interrupción total. Precisamente ese desfase es la razón por la que la identificación temprana de riesgos y la planificación de escenarios pueden aportar un valor tangible.
- Estrés operativo y energético
El estrés operativo y energético constituye otra área en la que El Niño puede modificar tanto la probabilidad como la gravedad de una interrupción. En condiciones de mayor temperatura, aumenta la demanda de refrigeración. Cuando esta demanda se dispara simultáneamente en distintas regiones, las redes eléctricas locales enfrentan una mayor presión y aumenta el riesgo para su confiabilidad. Esto es especialmente relevante para las operaciones intensivas en energía, donde interrupciones breves pueden desencadenar períodos de recuperación más prolongados.
Al mismo tiempo, la escasez de agua puede convertirse en un factor limitante para los procesos productivos, particularmente en aquellos lugares donde el agua es esencial para la refrigeración o para el propio proceso de fabricación. En este caso, la exposición a la interrupción del negocio no siempre implica una paralización total. Puede manifestarse como una disminución del desempeño, cortes de suministro programados o restricciones impuestas durante los períodos de máxima demanda, situaciones que pueden reducir la producción y afectar los compromisos de servicio.
- Volatilidad macroeconómica e impactos de segundo orden
Las interrupciones relacionadas con El Niño también pueden generar volatilidad macroeconómica que influya tanto en la exposición a la interrupción del negocio como en el costo de la recuperación. Las fluctuaciones en los precios de los alimentos, la energía y las materias primas pueden ejercer una presión repentina sobre los márgenes y afectar las adquisiciones. La inflación de los costos de reparación y las limitaciones en la disponibilidad de contratistas pueden prolongar el tiempo de inactividad, particularmente si varias regiones están afrontando impactos simultáneamente.
Los planes de recuperación que no contemplen la volatilidad de los precios, los incrementos abruptos en los plazos de entrega y la competencia por los recursos pueden parecer sólidos en teoría y, aun así, fracasar bajo condiciones reales de mercado.
Qué significa esto para las exposiciones y los riesgos en 2026 y qué pueden hacer ahora los líderes de resiliencia
Las evaluaciones del riesgo sobre la propiedad siguen siendo esenciales, pero en un año marcado por amenazas correlacionadas e interrupciones interconectadas, las organizaciones deben asegurarse de que estas evaluaciones reflejen su verdadera huella operativa. Muchos supuestos de planificación continúan centrándose en un único evento de gran magnitud, mientras que un escenario de El Niño fuerte o muy fuerte puede implicar múltiples interrupciones simultáneas y superpuestas en diferentes regiones.
La preparación debe priorizar la mitigación proactiva del riesgo por encima de la respuesta reactiva. Las medidas de resiliencia física deben alinearse con las amenazas más probables, incluyendo una mayor protección contra inundaciones donde el riesgo de precipitaciones sea elevado, una protección contra incendios más robusta y una mejor gestión de la vegetación en áreas propensas a incendios forestales, así como infraestructura resistente al calor y redundancia en los sistemas de refrigeración donde las temperaturas extremas amenacen los activos y la seguridad de los trabajadores.
La resiliencia operativa debe reducir el riesgo de concentración mediante la diversificación de proveedores críticos cuando sea posible, la documentación de planes de contingencia y de los tiempos necesarios para realizar cambios, y la evaluación de las dependencias compartidas de agua y energía entre instalaciones y regiones.
La planificación de seguros debe evolucionar junto con la preparación operativa mediante la validación de las coberturas de interrupción del negocio y catástrofes naturales, la identificación de exposiciones acumuladas entre distintas ubicaciones y unidades de negocio, y la garantía de que los procesos de documentación de siniestros, gobernanza y escalamiento estén establecidos antes de que ocurra un evento. En un entorno de riesgo más volátil, las organizaciones que se preparen con anticipación estarán mejor posicionadas para recuperarse rápidamente y minimizar las interrupciones.
La coordinación internacional se está convirtiendo en un aspecto crítico para el negocio
El Niño pone de relieve por qué la coordinación internacional se está convirtiendo en un aspecto crítico para las empresas multinacionales. Los impactos simultáneos y transfronterizos requieren estructuras de programas alineadas, una ejecución coherente de las políticas locales y una gestión coordinada de los siniestros. Sin esa coordinación, la respuesta se fragmenta precisamente cuando más se necesitan rapidez, claridad y una ejecución uniforme.
Es también aquí donde los programas internacionales dejan de ser una discusión conceptual y se convierten en una necesidad práctica. Cuando varios países se ven afectados al mismo tiempo, las empresas necesitan un enfoque capaz de gestionar tanto el conocimiento del riesgo como su implementación a escala global, con experiencia local conectada a través de una red coordinada.
En 2026, las organizaciones más resilientes serán aquellas que traten a El Niño no como un tema climático lejano, sino como un desafío real de gobernanza y preparación. El objetivo no es predecir la forma exacta que adoptará la interrupción. El objetivo es garantizar que la organización pueda operar bajo condiciones de estrés en múltiples regiones, preservar la estabilidad de la cadena de suministro, mejorar la transparencia del riesgo a través de sus dependencias y tomar medidas decisivas antes de que ocurra un evento para reducir las pérdidas y acortar la recuperación.
Los líderes de riesgos y resiliencia que logren mejores resultados se concentrarán en aquello que pueden controlar: las medidas prácticas para proteger a las personas, mantener las operaciones y reducir la volatilidad financiera en un año en el que la volatilidad puede convertirse en la característica predominante.
WIEBKE CUNDILL
Wiebke Cundill es líder del equipo de amenazas naturales y riesgos climáticos de HDI Global. Cuenta con más de 10 años de experiencia en investigación y en la industria, que abarca el liderazgo de proyectos internacionales, consultoría geotécnica y ambiental, trabajo de campo y modelado 3D.
Se especializa en la evaluación de amenazas naturales y riesgos climáticos a nivel mundial, ayudando a las organizaciones a evaluar su exposición y vulnerabilidad, implementar reportes de riesgos climáticos e identificar medidas prácticas de mitigación frente a futuros impactos del cambio climático.
